En esta visita de apenas 9 horas al principado de Mónaco, León XIV se trasladó a la iglesia de Santa Devota para un encuentro con los jóvenes y tras escuchar algunos testimonios lamentó que «vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos: en las modas, en la apariencia, en las relaciones, en las ideas e incluso en dimensiones constitutivas de la identidad de la persona».
Aseguró que el vacío interior que a veces prueban los jóvenes «no se llena con cosas materiales y pasajeras, ni siquiera con el reconocimiento de miles de “me gusta”, o con afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas».










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