Las altas temperaturas nocturnas están afectando el descanso de millones de personas en América Latina. Un estudio de la organización Climate Central reveló que habitantes de ciudades de Colombia, México, Brasil, Venezuela y Argentina pierden hasta 93 horas de sueño al año debido al calor, de las cuales hasta seis horas están directamente relacionadas con el cambio climático.
La investigación identifica a Barranquilla (Colombia) y Acapulco (México) como las ciudades más afectadas, con una pérdida promedio de 93 horas de sueño anuales entre 2020 y 2025. De ese total, seis horas son atribuidas al calentamiento global provocado por la actividad humana.
Otras ciudades con importantes afectaciones son Cancún, con 91 horas perdidas al año, Belém (Brasil), con 84 horas; Caracas, con 67 horas; Cali (Colombia), con 61 horas; y Buenos Aires, donde los habitantes dejaron de dormir unas 44 horas al año debido al aumento de las temperaturas.
El cambio climático agrava la pérdida de sueño
El estudio analizó 1,338 ciudades en todo el mundo y concluyó que, entre 2020 y 2025, una persona promedio perdió cerca de 56 horas de sueño cada año por las altas temperaturas nocturnas. De ese tiempo, más de seis horas fueron consecuencia directa del cambio climático.
Los investigadores utilizaron modelos climáticos para comparar las temperaturas actuales con las que existirían en un escenario sin calentamiento global, lo que permitió medir el impacto específico del cambio climático sobre el descanso de la población.
Además, el informe señala que los efectos del calentamiento global sobre la pérdida de sueño se han duplicado desde la década de 1970 en prácticamente todas las ciudades analizadas.
Adultos mayores y personas de bajos ingresos, los más vulnerables
La investigadora Rita Issa, del Tyndall Center, explicó que el sueño suele ser una de las primeras funciones afectadas durante los episodios de calor extremo, especialmente cuando las temperaturas permanecen elevadas durante la noche.
Los especialistas advierten que la falta de descanso puede incrementar el estrés, la fatiga, afectar la salud mental, disminuir la capacidad de concentración y agravar enfermedades preexistentes.
El impacto es mayor entre adultos mayores, mujeres, niños pequeños, embarazadas y personas con bajos ingresos, especialmente en grandes ciudades donde el llamado “efecto isla de calor urbana” mantiene temperaturas nocturnas superiores a las de las zonas rurales.
El informe también destaca que el acceso al aire acondicionado continúa siendo desigual, por lo que las personas con menos recursos podrían estar perdiendo aún más horas de sueño que las estimadas en el estudio.
Ante este panorama, los expertos insisten en la necesidad de impulsar medidas de adaptación al calor y acelerar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para proteger la salud y el bienestar de la población.










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